Siempre estaban ahí
esas dos figuras tan delgadas
vigilando a diario nuestros juegos
pacíficas y sigilosas las miradas
Estuvieron siempre para mi
cada uno como un hermano mayor
queriéndonos sin saber como expresarlo
ese amor retenido en el corazón
Cuidadores velando nuestra infancia
nada malo les pasará a estos tesoros
había que protegerlas de este mundo
esas niñas valían más que el oro
De lejos sonriendo casi anónimos
esa fue la labor de los viejos tíos
esos viejos que amamos hasta hoy
viejos sanos libres de lo impío
Amor que llevamos en la sangre
amores que nunca morirán
hermanos grandes tuvimos en la infancia
tíos-niños que siempre nos amarán
Los amaba y los amo todavía
a esos viejos mis tíos regalones
esos, los hermanos de mi padre
ellos, los mejores cuidadores
Eran sólos vivían el día a día
sin razones importantes para seguir
hasta la llegada de estas niñas
convertidas en el motor de su existir...
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